miércoles, 20 de mayo de 2015

... Bernadette Hortal, directora del Bibliobús El Castellot


Bernadette Hortal
Una de las gracias de trabajar en un bibliobús es la variedad de paisajes que vemos desde la ventana. Los que trabajamos en un bibliobús, al despertar todas las mañanas, nos preguntamos: ¿Qué día es hoy? ¿Dónde me toca ir? Así es como empiezo yo el día, con estas preguntas tan existenciales.

Al llegar al local de Vilafranca del Penedès que compartimos los bibliobuses Montau y El Castellot (el mío), es cuando empieza la jornada laboral, a las 10 de la mañana. Allí coincidimos las cuatro personas que trabajamos en los dos bibliobuses: dos bibliotecarias y dos técnicos auxiliares-conductores.

De las 10 hasta la hora que salimos a prestar servicio -acostrumbra a ser alrededor de las 10:30, dependiendo de lo lejos donde se encuentre el pueblo al que vamos- es el rato que tenemos para preparar el día: mirar la agenda para ver si hay que hacer alguna cosa en especial, recoger las reservas de los usuarios de las paradas del día, mirar el correo electrónico, hacer llamadas por teléfono, buscar documentos para algún pedido que nos hayan hecho…

Los miércoles y los viernes entre las 10 y las 10:30 vienen de una empresa de mensajería a traernos y llevarse los préstamos interbibliotecarios.

Nos toca ir a La Granada que está cerca de Vilafranca, antes de las 11 ya hemos llegado. Josep conecta los cables eléctrico y telefónico. Mientras enciendo los ordenadores y entro los códigos para abrir el programa de gestión bibliotecaria –Millenium-. Entre los dos organizamos el bibliobús por dentro para que todo esté a punto. Encendemos los correos electrónicos, para ver los mensajes nuevos y para estar conectados con Gerència de Biblioteques, con el resto de bibliotecas de la red y con el mundo mundial.

Es difícil resumir una mañana, porque hay que ir intercalando el trabajo interno con la atención a los usuarios. Los trabajos que hago esta mañana son los siguientes:

-          Atender a los usuarios.

-          Leer mi correo electrónico personal y el del bibliobús.

-          Imprimir y llenar el papel de los gastos que hemos hecho para entregar a Gerència junto con los tiquets.

-          Imprimir los listados de los libros que tienen en préstamo todas las clases de la escuela de Torrelles de Foix, para darlos a la maestra que nos los pidió el día anterior, porque ella es la que lleva el control de lo que les queda por devolver.

-          Hacer el retorno de los libros que nos han traído de préstamo interbibliotetacario para ver quien ha reservado cada uno de los documentos, y anotar sus datos.

-          Hacer la reserva de los lotes de libros para los clubes de lectura de Torrelles de Foix, de Olèrdola y de Santa Fe del Penedès. Los responsables de los clubes ya me han hecho llegar la lista de los lotes que han escogido. Sólo me falta anotarlos en la ficha y mandarlos a Paula Rosales, que coordina la gestión de los lotes de Diputación.

-          Hacer el retorno de los libros que nos trae la monitora del comedor escolar, que cada mes viene a coger y dejar libros para que los niños puedan leer después de comer.

Josep por su lado también va haciendo trabajos:

-          Atender a los usuarios.

-          Leer su correo electrónico personal.

-          Ir guardando en las estanterías los documentos que van devolviendo los usuarios.

-          Preparar el lote de documentos nuevos.

-          Mandar un correo electrónico al parque móvil de Diputación pidiendo que nos vengan a hacer una reparaciones pendientes.

A lo largo de la mañana van viniendo los usuarios, que ya son como de la familia, la familia del Castellot:

-          Niños y niñas de la escuela que vienen en el rato del patio con el desayuno en una fiambrera.

-          Mónica, una fiel usuaria, nos reserva la película ET, y se conecta un rato en el ordenador de uso público.

-          Madres y padres.

-          Una usuaria devuelve y escoge películas. Tiene que ir rápido porque tiene fibromialgia y síndrome de sensibilidad química múltiple, por lo que le afecta estar en espacios cerrados.

-          Ana, una madre que viene siempre con sus dos hijos, nos pide que le reservemos unos libros. Le preguntamos a Núria, como fue la comunión de su hija Queralt el fin de semana anterior. Ana le recomienda un DVD a Queralt.

-          Un niño nos pide si tenemos El Quijote. Le buscamos una versión infantil que tengan en Vilafranca en el catálogo, y se lo reservamos para llevárselo la semana siguiente.

-          Un padre coge trípticos informativos mientras su hijo está escogiendo libros.

-          Una niña nos pregunta si tenemos libros de Tea Stilton.

-          Viene Lourdes de Santa Fe -el pueblo de al lado- a devolver dos lotes que les habíamos prestado para el club de lectura que ella coordina junto con Isabel. Les quedan dos libros que aún no les han devuelto.

La mañana ha pasado volando. Recogemos a las 13’30 y volvemos a Vilafranca.

En el local tenemos una sala donde comer. De las 14 a 15 horas comemos -cada uno se trae su comida- y charlamos.

De las 15 hasta la hora de salir volvemos a hacer tareas internas. Salimos hacia el pueblo de la tarde, calculando que la hora de abrir al público son las 16 horas. Nos toca ir a Canyelles.

Hasta las 19 horas estamos en Canyelles, atendiendo usuarios y haciendo trabajo interno variado. También variados son los usuarios que se acercan al bibliobús: niños y niñas, abuelos y abuelas, madres y padres…. Cada uno con sus gustos, sus preferencias, sus aficiones. Y a cada uno de ellos le dedicamos atención, conversación y sonrisas. Las personas vienen al bibliobús a buscar libros, revistas, CDs, DVDs… pero también un rato de compartir. El bibliobús es ante todo un espacio de encuentro.

Recogemos y nos volvemos otra vez a Vilafranca al local de los bibliobuses. Saludamos a los compañeros del Bibliobús Montau. Estamos un rato haciendo algunos trabajos: bajar las reservas del día, subir las del día siguiente, bajar los documentos que hemos seleccionado y localizado para bajar al almacén… y también aprovechamos para charlar con los compañeros del Montau.

Y llegó el momento de irse cada uno a su casa, a reencontrarse con las respectivas familias, a descansar, cenar, reponer energías… y reservar un rato para leer, para luego poder recomendar libros. Los usuarios cuando les recomiendas algún libro, acostumbran a preguntar: “pero ¿tú lo has leído? “

Toda esta explicación ha estado hecha en diferido, no en directo, ya que hubiese sido imposible compaginar la escritura con las variopintas tareas que se realizan en un bibliobús a lo largo de una jornada.

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